conoZe.com » Otros Tópicos » Feminismo y Género » Ideología de Género

Género y Dignidad (y III): las caídas de la última fortaleza

No deberían sorprender los alcances destructivos del profundo autoengaño que los padres de un niño como Bruce –llamado Brenda poco después de su temprana mutilación– desencadenaron cuando apostaron la felicidad de su hijo a las «teorías» no demostradas de un supuesto experto (el término experto no necesariamente es un buen indicador), atrapado en los excesos supersticiosos de una pseudociencia y autor de este cruel fraude. Tampoco debería sorprender a nadie que se afirme que cuando se abandona búsqueda esperanzada de la verdad sobre el ser humano, se da la espalda a la verdad sobre la capacidad inherente del ser humano para trascender los obstáculos y accidentes de la naturaleza visible. Entonces se deja de ser realista en primer lugar, además de que se opta por invisibilizar toda vía alternativa, probablemente insospechada, hacia la realización de una existencia plena, y por lo tanto digna. No parece que el caso de Bruce se escape a ese error metafísico-antropológico heredado de la concepción cartesiana del ser humano, desde la cual éste es una suma de materia y espíritu, como dos realidades distintas y ajenas entre sí, y no una unidad formada por ambas.

La cuestión aquí planteada consiste en que, si bien distinguimos entre nuestro cuerpo y nuestro yo, percibimos que ese yo es un yo inescindiblemente corpóreo, como nos lo indica nuestra experiencia, la medicina y la metafísica (ver Quiroga, 2008). Una de las formas de ese error metafísico-antropológico que tiene consecuencias concretas en nuestras vidas consiste en creer que los seres humanos no podemos trascender las limitaciones/defectos/mutilaciones del cuerpo, como si no tuviéramos una psique o alma enriquecida por las cualidades y fuerza del espíritu. Como en el caso de Bruce, esa creencia (¿auto/engaño?) iba de la mano con otra de las formas de ese punto de partida erróneo, la cual consiste en (querer) creer que nuestra alma o psique puede desarrollarse totalmente al margen de la forma de ser que viene impregnada como huella y semilla en todo el cuerpo (y digo todo el cuerpo: genotipo y fenotipo, independientemente de que esa huella sea más fuerte y marcada en algunos aspectos y menos en otros). La ideología de género, de la cual fueron víctimas Bruce y su familia, cabe en esta amalgama de creencias erróneas insostenibles.

La literatura y el cine incursionan en la exploración de lo que es el ser humano y no pocas veces nos sirven para ilustrar mejor las ideas y puntos de partida. Confieso que o sería tan placentero para mí escribir si no pudiera compartir las narraciones que han ido dejando huellas en mi trayectoria. Son huellas que no quiero borrar. Pues bien, el caso del ser humano que logra trascender sus limitaciones corporales y logra acabar de ser lo que es, es el de Vincent Freeman en Gattaca, el filme nominado al Oscar sobre un hombre que -en un mundo que se podría catalogar como distopía transhumanista- era considerado «genéticamente inferior» y astutamente asume la identidad de otro hombre «genéticamente superior» para alcanzar su sueño de viajar al espacio. El supo ver opciones insospechadas y demostrar que lo que el espíritu humano de los limitados logra en un mundo tecnológicamente programado para que solo los seres humanos mejorados genéticamente tengan acceso a ciertos ámbitos de realización personal.

Es el caso, de Vera, personaje principal del último filme de Almodóvar (La piel que habito), quien lucha y lucha y logra sobrevivir a las limitaciones que le impone -hasta la piel- el científico que la mantiene encerrada para hacer en ella experimentos transgénicos. La limitación más inusual se da en su propia piel: está dada por la intervención transgénica. Por otra parte, también se tratan los conflictos generados alrededor de la identidad sexual como fondo y la ética de la experimentación humana. Lo anterior es lo deduzco de los comentarios de expertos y aficionados, porque aunque no la haya visto todavía me parece que el tema converge con lo que he aprendido sobre los casos de tortura y privación de libertad, que los críticos que se dicen humanistas y los defensores de la dignidad y de los derechos humanos ven como un método más para hacer perder a las víctimas su identidad, lo cual logran al romper toda posibilidad de comunicación con un otro o «vos»/»tú» cercano (atento) que nos motive a resguardar nuestra dignidad y sus elementos constitutivos cuando se nos agotan los recursos personales para hacerlo por nosotros mismos (Una de las obras de cine carcelario con un lenguaje simbólico muy rico y comprensible en torno al tema del resguardo de la propia dignidad en situaciones victimizantes es «La última fortaleza»/»The last Castle», una historia de David Scarpa interpretada por Robert Redford, uno de mis favoritos de siempre).

Pues bien, dicen que la realidad siempre supera la ficción, y yo lo creo por experiencias propias y ajenas. Volvamos al caso trágico de la tortura física y psicológica de Bruce y su familia: las cosas no salieron para nada bien. Su madre declaró más tarde a John Colapinto (autor del libro ¨Tal como la naturaleza lo hizo¨) que las cosas fueron mal desde el principio. Nos cuenta que antes de cumplir los dos años le pusieron su primer vestido e intentó arrancárselo y romperlo. Luego le atacaban constantemente en el colegio. Cuando orinaba de pie en el baño le amenazaban con una navaja. El recuerda el hecho así: «Fue una especie de lavado de cerebro…Daría cualquier cosa porque un hipnotizador lograra borrar todos los recuerdos de mi pasado. Es una tortura que no soporto. Lo que me hicieron en el cuerpo no es tan grave como lo que aquello provocó en mi mente». Esta última confesión confirma la capacidad humana de sobreponerse a las limitaciones y accidentes físicos. Al llegar la adolescencia de «Brenda», el Dr. Money se había alejado de la familia Reimer.

En 1980, su padre le contó toda la verdad y a las pocas semanas «Brenda» optó por la falosplastía (un largo proceso quirúrgico de cinco años) que le devolvió la apariencia masculina. Hecho esto adoptó el nombre David. Llama la atención que no pudiera identificarse con su nombre masculino original. A los 23 años conoció a Jane, una madre soltera con tres hijos, con la que logró casarse más adelante. Justamente en el año del cambio de milenio se hizo pública su historia mediante el libro citado del Dr. Colapinto. Quizá esto fue uno de los últimos golpes para el frágil matrimonio entre David y Jane, quienes se divorciaron poco después de la publicación. En el año 2002 su hermano gemelo, Brian Reimer se suicidó. David se sintió responsable de su muerte y visitaba su tumba diariamente. Dos años después el propio David –o Bruce- Reimer también se suicidó. Así concluyó el trágico experimento del Dr. Money. La lucha de Bruce fue la de un varón víctima de una pseudociencia que invade la fortaleza/frontera visible de resguardo de la identidad humana en sus dos modalidades (masculina y femenina): el cuerpo en su unidad material-espiritual. Como en la piel que habito, la lucha de Bruce se dio en el marco de los conflictos generados alrededor de la identidad sexual como fondo y la ética de la experimentación humana.

A propósito de los títulos de las dos entradas anteriores podríamos concluir que no puede existir una mujer de verdad (consciente y protagonista de «su» identidad) en el cuerpo de un hombre, aunque este haya sido mutilado y transformado para parecer el cuerpo de una mujer, ni aunque haya habido un metódico lavado de cerebro. La única y última fortaleza material del género como ideología se derrumbó con Brian y Bruce (David) Reimer, como el muro de Berlín, en los años 80. La diferencia acá consiste en la poca conciencia y difusión que se le ha dado a este fracaso científico como fracaso ideológico de los intentos neomarxistas de deconstruir al ser humano (al hombre y a la mujer específicamente) para reconstruirlo luego con los criterios arbitrarios de algunos grupos voraces de poder. Al contrario, los países se ven presionados a aprobar leyes bajo el marco de los «Derechos Sexuales y Reproductivos» amparados en dicha ideología. En nuestra próxima entrada, una nota de esperanza para las víctimas y para todos nosotros como familias y sociedad. Un modelo alternativo para los roles y relaciones de los dos sexos que trasciende la noción biológica determinista (del cual se alimenta el modelo patriarcal y el modelo de subordinación) y el reduccionismo culturalista (o igualitarista asociado al género como ideología).

Ahora en...

About Us (Quienes somos) | Contacta con nosotros | Site Map | RSS | Buscar | Privacidad | Blogs | Access Keys
última actualización del documento http://www.conoze.com/doc.php?doc=9565 el 2012-03-06 16:07:00