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Hay que retirar de inmediato la obligatoriedad de EpC

Las revelaciones del diario Abc sobre las actividades públicas de uno de los ideólogos de Educación para la Ciudadanía (EpC), el diputado del PSOE Victorino Mayoral, me llevan a sugerir a Peces-Barba (¡oh, humana obsesión!), que abandone el transcurrir su senectud en la elaboración de su manual de EpC y ocupe mejor el tiempo en recordar a su compañero laicista (y no a los obispos, como suele hacer) que una cosa es la ética pública y otra la privada, que ganar dinero a través de un negocio vinculado con las decisiones que se impulsan desde un cargo público es una actuación ajena a la ética civil, que los vicios privados no deben tener una utilidad pública, que el poder político adquirido entraña una moralidad profesional y social, que los colegios que recomiendan un libro de texto están ya comprometidos cuando aparece el nombre de un político de alguna relevancia.

A través de la «plataforma ciudadana por una sociedad laica», cuya doctrina ha encontrado su perfecta cristalización en la asignatura de EpC, el diputado Mayoral exigía que la asignatura de religión confesional fuese expulsada de la escuela pública. Además de diputado, es representante de Editorial Popular S.A., presidente de la Liga Española de la Educación y Cultura (una ONG que ha conseguido ocho millones de euros desde el año 2000), así como presidente de la Fundación Cives. El talante laico de este individuo socialista consiste en destruir la Religión. Su dignidad, el precio de sus actividades públicas, incompatibles con su condición de diputado. El proyecto inspirado en la asignatura de EpC, su vida ejemplar. La tolerancia que propugna, su sectarismo.

Es muy difícil educar en la virtud — ¡cuánto menos en la ciudadanía! — sin el reconocimiento de la autoridad de quienes imponen semejante educación. Es imposible reconocer la bondad de una asignatura cuando antes no se percibe la benevolencia de quienes la imponen. Con estos ideólogos progresistas, la injusticia aumenta en la sociedad, tanto como la desigualdad y la insolidaridad a las que sólo en teoría pretenden hacer frente común. Cuando el hombre no lograr observar la ley, le queda sólo el camino de adecuar la ley a sí mismo. Cuando no se consiguen observar los derechos humanos, ni la Constitución, lo importante es sólo ya la coherencia consigo mismo, que lleva a la irresponsabilidad moral ante la sociedad y el Estado, a convertirse en Dios, es decir, en benefactor para sí mismo.

Lo sucedido con este diputado es una manifestación más de que la asignatura de EpC constituye la corrupción educativa más arbitraria y obscena de un gobierno determinado al adoctrinamiento, a la imposición de un ateísmo práctico o laicismo beligerante en la sociedad. Luchar por mejorar la legislación dentro de la Constitución exige retirar de inmediato la obligatoriedad de EpC. Deberemos acatar el poder, pero también combatir con una injusta legislación, como proponía León XIII. La autoridad no puede suprimir la libertad y hacer de ella, al mismo tiempo, un absoluto. La libertad exige educación en libertad, no en imposición.

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