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Schoenstatt: movimiento de santuarios
Santuario de Schoenstatt
El sábado por la noche estuve en el pequeño Santuario de Schoenstatt que tiene en el centro de Madrid (Serrano, 97). Misa de ocho y media. Éramos unos veinte; algunos niños acompañados por sus padres. La iglesia, recoleta y encalada, estaba presidida por un hermosos retrato de la Virgen Peregrina con el Niño Jesús. Este templo ha sido edificado recientemente con la contribución de muchos madrileños. Está detrás del edifico principal, en el extremo de un hermoso jardín coronado por dos enormes castaños de indias que están a punto de perder sus hojas. Se notaba el mimo con el que los sacerdotes de Schoenstatt y los fieles cuidan este lugar de peregrinación: está impecable y lleno de flores, como si fuera el mes de mayo.
Celebraba el padre José Manuel López-Herrero, como cada día del año a esta misma hora, que a su vez es el rector del Santuario y fundador —hace más de treinta años — de este movimiento esencialmente mariano en España. Sus modales eran cuidadosos y, salvo en la facilidad de palabra, parecía que celebraba su primera Eucaristía, por la exquisitez con la que trataba todo lo sagrado. Daba gusto.
Comienza el Adviento, como tiempo de espera y de esperanza. El padre José Manuel insistía en las palabras de San Lucas: «Levantaos, alzad la cabeza porque se acerca vuestra liberación... estad siempre despiertos». La homilía era precisa e instructiva: explicó cómo el Tiempo Litúrgico de la Iglesia es como una elipse, con dos «centros de gravedad», el Adviento con culmen en la Navidad y la Cuaresma con su final en la Resurrección del Señor.
«Que la Navidad no nos coja por sorpresa, sino que cuando llegue el día sepamos que ya hemos hecho un camino». Con voz serena pero firme nos animaba a despertar del estado de sueño al que nos lleva la frialdad espiritual y finalizó con un deseo para todos: «No quisiera que esta Navidad sea como todas las anteriores, donde los regalos materiales inundan todo». Un deseo compartido por muchos cristianos que nos rebelamos ante el tipo de Navidad impuestas por el consumismo.
La celebración siguió, sosegada y cuidadosamente, y era seguida por todos los fieles con el mismo respeto y devoción con la que era celebrada. Una verdadera delicia.
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