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Los dioses y la cultura

Volvió María Zambrano del exilio a finales de los ochenta pero no su pensamiento. Quiero reivindicarlo hoy con motivo del viaje del Papa. Había escrito: «Una cultura depende de la calidad de sus dioses, de la configuración que lo divino haya tomado frente al hombre, de la relación declarada y de la encubierta, de todo lo que permite que se haga en su nombre y, aún más, de las contiendas posibles entre el hombre, su adorador y esa realidad». De tener la razón Zambrano, la cultura española -nuestra cultura tradicional- puede escribirse con mayúsculas pero ¿qué decir de la actual?

Sin embargo yo no quiero referirme a los agnósticos sino tan sólo a aquellos que, siéndolo, no valoran lo que representa la religión en nuestra cultura o a los que, siendo creyentes, tienen miedo a manifestarse de forma abierta, como lo está haciendo el pueblo estos días.

Me llaman la atención estos «intelectuales» católicos, estos profesionales de la teología o sucedáneos, que se mantienen a distancia de los sentimientos populares, de los fervores callejeros, por temor a ser interpretados por sus iguales en otros campos. ¿Cómo podrían caer ellos en formas tan primarias de vivir la religión? Es curioso ver sus contradicciones. Por un lado, se sienten complacidos de que el Papa tenga tanto poder de convocatoria pero, por otro, piensan que deben mantenerse al margen de la fiesta.

Viendo a las gentes gozar de su fe me dan pena estos otros que, compartiéndola, no se atreven a liberarse de la represión por temor a perder su autoridad crítica. Así que, tras las explosiones de alegría, los fervores multitudinarios y las adhesiones que provoca no sólo la presencia del Papa sino su mero anuncio, podemos ver la actitud reservada, calculadora, de estos intelectuales de lo divino, condescendientes a lo sumo con «la configuración que lo divino ha tomado» en este caso «frente al hombre». Sal y tierra, ellos son la elite, los pastores de los pastores. Mientras unos viven la fiesta, ellos -esclarecidos, informados, acomplejados- no dejan de mirar con el ojo izquierdo a los laicos, fiscalizadores. Porque para estos intelectuales de la Iglesia la verdadera cosecha, la que realmente les importa, son sus correspondientes, los mediadores del agnosticismo y del laicismo. Piensan que los que están en la calle con el Papa ya están ganados pero ¿cómo conquistar a estos otros o, al menos, cómo neutralizarlos?

No seré yo quien los critique en ese plano. Allá ellos. Pero temo que negocien con «mí» civilización y el puesto que la religión ocupa en ella. Si son capaces de ceder en lo propio, en la efusión de su propia fe y de la alegría que deberían manifestar, ¿no serán capaces también de ceder en lo mío, en mí cultura? Temo que estos intelectuales teologales intercambien nuestra tradición por ganarse la benevolencia de los mediadores del agnosticismo y el aconfesionalismo del Estado.

Lo que me espanta de éstos que miran con condescendencia las relaciones entre el Papa y el pueblo es que puedan trasladar esa incapacidad a manifestaciones semejantes que han conformado la cultura española a través de nuestros creadores. Temo que sean capaces de negar la realización de lo divino en la Historia y de ese modo vendan nuestra tradición y de ese modo nuestra personalidad histórica. ¿Acaso no estamos viendo que en estos últimos tiempos son capaces de negar la propia civilización para no ser acusados de enfrentarla a otras?

Así estamos: entre los que sólo saben que la Zambrano fue una exiliada y los que tienen vergüenza de recordar que «la cultura depende de la calidad de sus dioses».

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